Cuando en 1680 se trasladó a Querétaro Carlos de Sigüenza y Góngora y asistió allí a la solemne dedicación del templo de la Congregación, surgía en esos momentos aquella ciudad como la tercera en importancia de la Nueva España, sólo superada entonces por México y Puebla. Querétaro era un anticipo de la grandeza de El Bajío, y desde entonces y por mucho tiempo, fue su verdadera capital cultural. Fue precisamente Carlos de Sigüenza y Góngora quien fascinado por la belleza del paisaje que rodea esa población, e interesado profundamente en esa prefiguración del México mestizo que aparecía ya como una halagadora promesa, escribió entusiasmado, sus Glorias de Querétaro, en cuyas páginas hace el elogio de ese emporio a las puertas de El Bajío, y se dan a conocer algunas noticias acerca de sus orígenes desde la época prehispánica hasta el siglo XVII.
En un ameno sitio cercano a esa ciudad, muy cerca de las huertas de El Pueblito -también llamado Villa Corregidora-o existe un cerrito artificial que, después de un reconocimiento arqueológico practicado -en él por el profesor Carlos Margáin resultó ser una pirámide tolteca. Por otra parte, Wigberto Jiménez Moreno recogió en una cueva de La Cañada, a inmediaciones de Querétaro, cerámica perteneciente a esa misma cultura que tuvo en Tula -la ciudad de Topiltzin Quetzalcóatl- su mayor florecimiento desde el siglo X hasta fines del XII. Querétaro era, pues un puesto avanzado de la cultura tolteca, y otro tanto puede afirmarse de la vecina población de San Miguel Allende, según recientes hallazgos. Pero, al desplomarse aquel gran imperio, quedó la comarca queretana en manos de los pames bárbaros y fue ocupada por esos indios que vivían en esa zona sin asiento fijo, como cazadores y recolectores, al mismo tiempo que incipientes esporádicos agricultores.
Aunque en las historia de Querétaro se ha repetido -desde que así lo afirmó Sigüenza- que esa ciudad -cuyo nombre puréhpcti equivale al de Tlachco ("en el juego de pelota") en el idioma nahua- fue conquistada en 1445 o 1146 por Moctezuma llhuaicamina, no hay fundamento para tal aserto y en realidad se trata de una confusión, pues fue precisamente Tlachco, en Guerrero, la que fue sometida por el primer Moctezuma. Tlachco en náhuatl, Queréhtaro en tarasco y Anda-maxei otomí significan lo mismo. En su proximidad -por Huimilpan- hallábase Coatl-icámac, tocado en el siglo XII por los mexicas en su peregrinación y punto de partida de la migración de Xólotl en el XIII, y donde todavía en el siglo XVI encontrábase el centro de poder de los chichimecas pames. Querétaro, pues, era tierra de chichimecas. Fue después poblada por un grupo de otomíes que se internaron en la región de La Cañada, pocos años después de la caída de Tenochtitlan, tratando de evitar, como tantos otros, la servidumbre a los conquistadores. El jefe de este grupo se llamaba Conin (probablemente Khoni), quien luego de ser bautizado llevó el nombre de Don Hernando de Tapia. Había nacido en Nopala, que pertenecía a la antigua Provincia de Jilotepec (llamada “el riñón de los otomíes”) y de allí es donde salió, frente a su grupo, a establecerse en la Cañada. Pudo convivir entre los chichimecas porque había sido Pochtécatl (es decir “comerciante”) en aquella región, vendiendo sal que cambiaba por cueros. Tuvo, sin embargo, que adaptarse a vivir como ellos, es decir, en cuevas, a pesar de que, aunque los otomíes habían sido también nómadas en un principio, eran ya agricultores, pero despilfarraban sus cosechas.